La Constitución de 1837 fue fruto de la crisis del Estatuto Real, y sobrevivió dificultosamente hasta su derogación definitiva por la Constitución de 1845. El enfrentamiento entre moderados y progresistas impidió la normal y sosegada aplicación de las reglas del Estatuto Real, 10 cual condujo al Motín de los Sargentos de la Granja en agosto de 1836, que forzó a la Regente María Cristina a restaurar la Constitución gaditana de 1812, y a que se constituyese un nuevo gobierno de corte progresista, poniendo fin a la breve existencia del Estatuto Real, cuyo epitafio escribió Larra: " vivió y murió en un minuto".
La promulgación de la Constitución de 1812 admitía las modificaciones que el paso del tiempo pudiese hacer necesarias. A tal efecto, unas nuevas Cortes, elegidas expresamente con el carácter de constituyentes en octubre de 1837, iniciaron los preparativos de la reforma constitucional. El primer paso fue la creación de una comisión presidida por Argüelles, cuyo prestigio personal como destacado miembro de las Cortes de Cádiz sirvió para silenciar a quienes desde la ortodoxia doceañista se atrevieron a cuestionar el sentido general o la profundidad de las reformas. La comisión elaboró unas bases que sirvieron para adoptar unos acuerdos esenciales que permitieron la redacción del texto constitucional. Las plumas de Argüelles y del joven secretario de la comisión, Salustiano Olózaga, entre otros, alumbraron un proyecto que las Cortes aprobaron por amplia mayoría.
La Constitución de 1837 fue obra de los progresistas. Sin embargo, no es menos cierto que se trataba de un texto conciliador, que aceptaba la incorporación de algunos postulados del partido moderado, tales como la existencia de una Cámara Alta o que los miembros del Ejecutivo perteneciesen al Parlamento, en vez del unicameralismo y la división de poderes pura que establecía la Constitución de Cádiz.
En coherencia con su génesis, los principios de la Constitución de 1837 se inspiraron en los de la Constitución de 1812, sin perjuicio de toda una gama de matices diferenciadores propios, tanto en la parte dogmática como en la orgánica.
Mientras que la Constitución de Cádiz había proclamado el principio de la soberanía nacional en su artículo tercero, la Constitución de 1837 trasladó esta declaración a Preámbulo, situándolo deliberadamente fuera del articulado constitucional. Este peculiar emplazamiento tenía una justificación que Olózaga explicó años más tarde observando que el principio de la soberanía nacional (básico para la ideología de los progre, no debía convertirse en un precepto que invitase constantemente a modificar la Constitución.
Por otra parte, la Constitución articuló el principio de separación de poderes de forma flexible, permitiendo así la colaboración entre el Gobierno y las Cortes.
Asimismo, la Constitución incorporó, por vez primera en nuestra historia constitucional, una declaración sistemática y homogénea de derechos. Entre los derechos que entonces se recogieron figuran la libertad personal, la inviolabilidad del domicilio, la libertad de expresión, las garantías penales y procesales, el derecho de petición, la igualdad el acceso a los cargos públicos y, por supuesto, las garantías del derecho de propiedad.
En su vertiente orgánica el rasgo más sobresaliente era la autonomía de las Cortes frente al Rey, tanto en su composición como en su organización y funcionamiento, lo que se combinaba con un notable incremento de las facultades de la Corona frente a lo previsto en la Constitución de 1812.
El régimen que instauró la Constitución de 1837 fue el de una Monarquía constitucional. Por un lado, reforzaba los poderes del Rey, ratificando las facultades, que ya preveía el Estatuto Real, de convocatoria y disolución de las Cámara, así como el derecho de veto. Pero, a la vez, subrayaba el carácter limitado de la Monarquía, a través del principio de inviolabilidad del Rey, que determinaba la necesidad de refrendo ministerial para la eficacia de sus decisiones, con el contrapeso de que era el monarca quien nombraba y separaba libremente a los ministros del Gobierno.
Las Cortes se componían de dos cuerpos colegisladores iguales en facultades: el Congreso de los Diputados y el Senado, denominaciones que se han mantenido hasta hoy. Con ello, el texto de 1837 se situaba de nuevo en la línea de las constituciones europeas de la época, como eran la francesa de 1830 y la belga de 1831. El Congreso de los Diputados se elegía mediante un sistema de voto censitario. El Senado tenía una composición mixta: por un lado había senadores de base electiva, designados por el Rey entre los incluidos en una triple lista que confeccionaban los mismos electores que concurrían a las elecciones al Congreso, cuyo mandato era de 9 años, siendo renovados por tercios cada tres años. Por otro, había senadores a título propio, que eran los hijos del Rey y del heredero inmediato a la Corona desde que cumplían los veinticinco años.
Se ha dicho que la Constitución de 1837 fue un texto técnicamente estimable y políticamente conciliador, características que en otras circunstancias históricas quizá hubiesen permitido el comienzo de una época política más sosegada. Sin embargo, el período de vigencia de esta Constitución se caracterizó por la agitación e inestabilidad política que se mantuvo tanto en la regencia de María Cristina como luego en la regencia de Espartero y en la mayoría de edad de Isabel II. Esta inestabilidad se reflejó en la sucesión vertiginosa de Gobiernos (más de once en los primeros cuatro años, correspondientes a la regencia de María Cristina), en la constante presión de los progresistas sobre la Regente, más favorable a la postura moderada, y en la continua tensión entre las dos principales fuerzas políticas, cada una con sus correspondientes apoyos militares. Esta disgregación interna de los liberales permitió que el problema carlista no fuese solventado hasta el abrazo de Vergara entre Maroto y Espartero, el 31 de agosto de 1839.
La Constitución de 1837 fue, pues, una más de las ocasiones perdidas por el pueblo español para superar sus diferencias. Con ello se posponía la paz entre las dos Españas: "la España antigua", dice Pérez Galdós, "representada por el inepto hermano de Fernando VII, y la España moderna, simbolizada en una niña inocente y una viuda joven, hermosa, desvalida, dulce y magnánima, que había sabido ablandar con su ternura el corazón del monstruo a quien la ligó el destino".
lunes, 7 de marzo de 2011
NARVÁEZ
(Ramón María Narváez y de Campos, duque de Valencia) Militar y político español (Loja, Granada, 1799 - Madrid, 1868). Segundón de una familia de labradores acomodados de la pequeña nobleza andaluza, ingresó en el ejército con sólo quince años. Durante el Trienio Constitucional (1820-23) se decantó por los partidarios del liberalismo y tuvo un papel destacado en la lucha contra la sublevación absolutista de la Guardia Real de Madrid (1822). Ello le obligó a retirarse del ejército cuando la invasión de los «Cien mil hijos de San Luis» restableció a Fernando VII como rey absoluto.
Muerto el rey diez años más tarde, Narváez se reincorporó al ejército y defendió la causa del liberalismo y el Trono de Isabel II en la Primera Guerra Carlista (1833-40). Ascendió rápidamente por los éxitos obtenidos en los frentes del Norte (batallas de Mendigorría, 1835 y Arlabán, 1836), el Maestrazgo, Andalucía y La Mancha; pero en esas campañas se fue enconando también su rivalidad personal con Espartero, que habría de degenerar en enfrentamiento político desde 1838.
La persecución de la que fue objeto por Espartero le obligó a exiliarse en Francia durante la Regencia de éste (1841-43); y, dado que su rival había asumido el liderazgo de la rama progresista de los liberales, Narváez se inclinó hacia la rama conservadora, convirtiéndose pronto en el máximo dirigente del partido moderado. Dirigió la sublevación militar que derrocó a Espartero en 1843 (encuentro de Torrejón de Ardoz), ascendiendo entonces a teniente general y capitán general de Castilla la Nueva.
En 1844 era llamado a formar gobierno, iniciando una serie de siete periodos como primer ministro de Isabel II: 1844-46, 1846, 1847-49, 1849-51, 1856-57, 1864-65 y 1866-68. Impulsó la elaboración de la Constitución de 1845, que se mantuvo vigente hasta 1868; pero también otras muchas leyes importantes, como la reforma fiscal de Mon (1845), el Código Penal (1848) o las reformas administrativas de Bravo Murillo. En suma, conformó el Estado español contemporáneo según la ideología liberal-conservadora de su partido y según su temperamento autoritario: detuvo el proceso de desamortización de los bienes eclesiásticos, amordazó a la prensa, organizó una Administración centralizada y reprimió los movimientos populares impidiendo tanto el resurgimiento del carlismo (Segunda Guerra Carlista, 1849) como la extensión a España de las revoluciones europeas de 1848.
El gran poder que atribuyó a la Corona en la Constitución de 1845 se vio correspondido con el sistemático otorgamiento de la confianza regia, que encargaba al «espadón moderado» la formación de gobierno con independencia de la voluntad del electorado, permitiendo después la «fabricación» de unas Cortes adictas mediante el fraude electoral; tal tergiversación del sistema político representativo llevó a los progresistas al pronunciamiento militar y a la revuelta popular como únicos medios de acceder al poder, lo que consiguieron en 1854 (contando en parte con el apoyo de Narváez para derrocar a un gobierno ultraconservador de escasa base social).
Narváez se mantuvo apartado de la política activa durante el Bienio Progresista y, tras la caída de Espartero en 1856, regresó estableciendo un sistema de alternancia con un partido de vocación centrista, la Unión Liberal del general O’Donnell. Durante todo el reinado de Isabel II, Narváez representó el principal soporte del Trono, como jefe indiscutible del partido moderado y árbitro entre sus tendencias internas; su muerte en 1868 dejó al partido descabezado y dividido, facilitando el triunfo de la revolución que derrocó a la reina en aquel mismo año. Tras haber contribuido a vencer la resistencia absolutista, implantó una monarquía constitucional inspirada formalmente en los principios liberales, pero la vació en gran parte de contenido con su exagerado autoritarismo y su política conservadora; su legado es, por tanto, ambiguo, como representante político de las oligarquías de notables locales y grandes propietarios que sustentaron su régimen.
ESPARTERO
(Baldomero Espartero, conde de Luchana, duque de la Victoria y príncipe de Vergara) Militar y político español (Granátula, Ciudad Real, 1793 - Logroño, 1879). Hijo de un carretero de La Mancha, adoptó el segundo apellido de su padre (pues su nombre completo sería Baldomero Fernández Álvarez Espartero). Al estallar la Guerra de la Independencia (1808-14) abandonó la carrera eclesiástica y tomó las armas. Desde 1810 permaneció en el Cádiz sitiado por los franceses, donde se estaban desarrollando las Cortes constituyentes; allí realizó sus primeros estudios militares.
Entre 1815 y 1824 estuvo destinado en América, donde combatió contra los independentistas hasta que España perdió sus colonias en el continente; aunque no participó en la decisiva batalla de Ayacucho, en el futuro sus partidarios serían conocidos popularmente como los ayacuchos en recuerdo del pasado americano de Espartero y de la influencia que sobre sus ideas políticas tuvieron otros militares liberales de aquella campaña.
Al morir Fernando VII, se decantó por el apoyo a la causa de Isabel II y de la regente María Cristina, en virtud de sus convicciones constitucionales. Luchó contra la reacción absolutista en la Primera Guerra Carlista (1833-40), en la que desempeñó un papel destacado: sus éxitos militares le llevaron de ascenso en ascenso hasta obtener el mando del ejército del Norte a raíz del motín de los sargentos de La Granja (1835). Rompió el cerco carlista de Bilbao venciendo en la batalla de Luchana (1836); organizó la defensa de Madrid frente a la expedición de don Carlos (1837); y aprovechó las disensiones en el bando carlista para atraerse al general Maroto y negociar con él la paz que sellaron ambos con el «abrazo de Vergara» (1839). Luego se dirigió al Maestrazgo, donde venció a Cabrera en 1840, poniendo fin a la guerra.
Desde entonces puso su prestigio al servicio de sus ideales políticos progresistas. Se enfrentó al conservadurismo de María Cristina haciendo que ésta le nombrara presidente del Consejo de Ministros en 1840-41; pero, ante la resistencia de la regente al programa liberal avanzado que defendía, exigió a ésta que abdicara e hizo que las Cortes le nombraran regente a él mismo (1841-43).
Completaba así la ascensión social que, desde un origen modestísimo, le había llevado a ser conde, duque, grande de España y, finalmente, regente. El «espadón» progresista se enemistó con muchos de sus partidarios, a causa de su modo de gobernar autoritario, personalista y militarista; en 1843 se vio obligado a disolver unas Cortes que se le habían vuelto hostiles.
Un pronunciamiento conjunto de militares moderados y progresistas (encabezados por Narváez y Serrano) le arrebató el poder en aquel mismo año; pronto se declararía mayor de edad a Isabel II y comenzaría una década de predominio conservador. Espartero se exilió en Inglaterra, de donde regresó en 1849 para vivir retirado en Logroño.
Ante el deterioro político del final de la década moderada (1844-54), las tendencias autoritarias de la reina y la hegemonía política de la minoría ultraconservadora, se produjo una nueva revolución en 1854, que llevó a Espartero a la presidencia del Gobierno; durante el siguiente «bienio progresista» (1854-56) avaló el reformismo de los liberales avanzados, pero no pudo evitar que se reprodujeran las mismas disensiones acerca de su liderazgo.
De nuevo fue expulsado del poder por un pronunciamiento encabezado por su antiguo aliado, el general O’Donnell, tras el cual vino un nuevo periodo de ostracismo político de los progresistas, que Espartero contempló pasivamente desde su retiro de Logroño. Allí recibió, tras la revolución que destronó a Isabel II en 1868, la oferta de Prim de hacerle elegir por las Cortes rey constitucional de España, oferta que rechazó. Tras la coronación de Amadeo de Saboya éste completó el encumbramiento honorífico de Espartero nombrándole príncipe de Vergara con tratamiento de alteza real.
ISABEL II
Reina de España (Madrid, 1830 - París, 1904). Isabel II nació del cuarto matrimonio de Fernando VII con su sobrina María Cristina de Borbón, poco después de que el rey promulgara la Pragmática por la que se restablecía el derecho sucesorio tradicional castellano, según el cual podían acceder al Trono las mujeres en caso de morir el monarca sin descendientes varones.
En virtud de aquella norma, Isabel II fue jurada como princesa de Asturias en 1833 y proclamada reina al morir su padre en aquel mismo año; sin embargo, su tío Carlos María Isidro no reconoció la legitimidad de esta sucesión, reclamando su derecho al Trono en virtud de la legislación anterior y desencadenando con esta actitud la Primera Guerra Carlista (1833-40).
Hasta que Isabel II alcanzara la mayoría de edad, la Regencia recayó en su madre María Cristina, la cual encabezó la defensa de sus derechos dinásticos contra los partidarios de don Carlos; para ello entabló una alianza con los liberales, que veían en la opción isabelina la posibilidad de hacer triunfar sus ideas frente al partido absolutista agrupado en torno a don Carlos.
En consecuencia, llamó al gobierno a los liberales y aceptó el régimen semiconstitucional del Estatuto Real (1834); la presión de los liberales más avanzados le obligaría luego a admitir la nacionalización de los bienes de la Iglesia (desamortización de Mendizábal) y el establecimiento de un régimen propiamente liberal (Constitución de 1837). Entretanto, la suerte de las armas fue favorable para la causa de Isabel, pues los ejércitos de Espartero consiguieron imponerse a los carlistas en el frente del Norte (Convenio de Vergara de 1839) y en el Maestrazgo (derrota de Cabrera en 1840).
En aquel mismo año, sin embargo, María Cristina fue apartada de la Regencia y expulsada de España, desacreditada por su matrimonio morganático y por su actitud reacia al liberalismo progresista; el propio general Espartero le sucedió como regente en 1841. Por entonces se habían decantado ya las dos corrientes en las que se dividió la «familia» liberal: el partido moderado (conservador) y el partido progresista (liberal avanzado).
Después de tres años de Regencia de Espartero y de consiguiente predominio político de los progresistas, en 1843 fue derrocado el regente por un movimiento en el que participaron moderados y progresistas descontentos (1843); para evitar una nueva Regencia, se decidió adelantar la mayoría de edad de Isabel II, quien comenzó, por tanto, su reinado personal con sólo 13 años. Una maniobra de los moderados completó la operación apartando del poder al progresista Olózaga bajo la acusación de haber forzado la voluntad de la reina niña.
En lo sucesivo, Isabel II inclinaría sistemáticamente sus preferencias políticas hacia los moderados, incumpliendo su papel arbitral de reina constitucional al llamar a formar gobierno siempre al mismo partido, lo cual obligó a los progresistas a recurrir a la fuerza para tener opción de gobernar; por esa razón se sucedieron los pronunciamientos, mecanismo de insurrección militar, frecuentemente combinada con algaradas callejeras, para forzar un cambio político.
La ignorancia y candidez de Isabel II se complicaron con su insatisfacción sexual, fruto del desgraciado matrimonio que le arreglaron a los 16 años con su primo Francisco de Asís; una sucesión de amantes reales adquirieron influencia sobre las decisiones de la Corona, al tiempo que confesores y consejeros aprovechaban el sentimiento de culpabilidad y los accesos religiosos de la reina para hacer sentir también su influencia. Isabel II se rodeó así de una «camarilla» palaciega con influencia política extraconstitucional, causa adicional de su descrédito ante el pueblo y la opinión liberal.
Desde el comienzo de su reinado, Isabel II inauguró esta tónica al amparar diez años de gobierno ininterrumpido de los moderados (la «Década Moderada» de 1844-54), en los que el poder estuvo dominado por el general Narváez. Este predominio moderado se plasmó en una nueva Constitución en 1845, en la que el poder de la Corona quedaba reforzado frente a los órganos de representación nacional; y también en toda una serie de leyes importantes que conformaron el modelo de Estado liberal en España en una versión muy conservadora; este giro permitió restablecer las relaciones con el Papado, que reconoció a Isabel II como reina legítima en 1845.
El descontento de los liberales acabó por provocar una revolución que dio paso a un «Bienio Progresista» (1854-56), marcado de nuevo por la influencia de Espartero. Pero una nueva sublevación militar restableció la situación conservadora, abriendo un periodo de alternancia entre los moderados de Narváez y un tercer partido de corte centrista liderado por el general O’Donnell (la Unión Liberal). Los progresistas, excluidos del poder, se inclinaron otra vez por la vía insurreccional, que prepararon desde el Pacto de Ostende de 1866; pero esta vez exigieron el destronamiento de Isabel, a la que acusaban de intervencionismo partidista y de deslealtad hacia la voluntad nacional.
El resultado fue la Revolución de 1868, que obligó a Isabel II (de vacaciones en Guipúzcoa) a exiliarse en Francia. En 1870 abdicó en su hijo Alfonso y confió a Cánovas la defensa en España de la causa de la restauración dinástica; ésta se logró tras el fracaso de los sucesivos regímenes políticos del Sexenio Revolucionario (1868-74), y la entronización de Alfonso XII. La reina madre, símbolo del pasado y del desprestigio de los Borbones, regresó a España en 1876, severamente vigilada y bajo la prohibición de cualquier actividad política; pero sus desavenencias con el gobierno de Cánovas le decidieron a exiliarse definitivamente en París, donde permaneció resentida y aislada, sobreviviendo a su madre (1878), su hijo (1885), su marido (1902) y la mayor parte de sus amantes y amigos.
REVOLUCION MEIJÍ
La restauración Meiji Bakumatsu no Dōran (fin del régimen del shōgun) fue la caída del régimen despótico en el Japón. Este régimen era muy parecido al feudalismo europeo, el emperador (que se creía que descendía de los dioses) no tenía el poder real sino que dependía del daimyō (señor feudal o hacendado de familias importantes) más importante. Este se titulaba "shōgun", que es el mayor rango que un daimyō podía obtener. Por eso el régimen político se llamaba shogunato o bakufu. Ahora bien, Japón hasta 1853 había permanecido aislado del resto del mundo económica y políticamente (excepto para China y Holanda). En esta fecha llega una flota armada estadounidense (al mando del Comodoro Perry) que tenía como propósito demandar un tratado de comercio. Este hecho se conoce también como "Kuro-fune raikō" (llegada de los barcos negros). Al no tener Japón una armada para hacerle frente tuvo que aceptar el tratado, evidenciando lo débil que era el país.
Esta revolución tuvo una particularidad única en la historia; la misma clase dominante (la aristocracia) fue la que vio la necesidad de cambio y de renunciar a sus derechos especiales. Por eso estaban divididos en dos bandos: los Ishin shishi y los partidarios del shogunato. Los terratenientes (daimyō) que estaban en contra del shogunato lideraron el Ishin shishi. Entre ellos destacan tres dirigentes, el llamado Ishin sanketsu (el triunvirato Ishin), cuyos integrantes eran Toshimichi Okubo, Saigō Takamori y Kogoro Katsura.
Los partidarios del shogunato contaban con diferentes fuerzas para enfrentarse a estos revolucionarios; entre ellos el Shinsengumi (una fuerza paramilitar-policial situada en Kioto). Para 1867 el movimiento revolucionario había logrado un avance decisivo y el emperador Meiji (que no tenía poder real) dicta la orden de disolver el bakufu (shogunado). Pero el shōgun Tokugawa Yoshinobu se resiste a dejar el poder en manos del Ishin shishi y en 1868 se desarrollan cinco batallas más, llamadas las Guerras Boshin, en orden cronológico son estas: Toba-Fushimi, Monte Ueno, Nagoaka, Aizu y Hakodate.
Posteriormente los samuráis tras los radicales cambios realizados por el emperador, se rebelan contra éste, formando un ejército cuyo enemigo será el emperador al abolir los privilegios de la clase samurái, los contrincantes fueron el recién fundado cuerpo de policía, formada en gran parte por samuráis que se pusieron al servicio del emperador y samuráis de los clanes vencedores en las Guerras Boshin: Satsuma y Chozu.
Los resultados de las cinco guerras fueron determinantes y el shōgun convocó a consejo al ishin Saigō Takamori, en el que estuvo presente el jefe de marina shogunal, Katsu Kaishū. El resultado de este consejo fue la rendición del shogunato.
Esta revolución tuvo una particularidad única en la historia; la misma clase dominante (la aristocracia) fue la que vio la necesidad de cambio y de renunciar a sus derechos especiales. Por eso estaban divididos en dos bandos: los Ishin shishi y los partidarios del shogunato. Los terratenientes (daimyō) que estaban en contra del shogunato lideraron el Ishin shishi. Entre ellos destacan tres dirigentes, el llamado Ishin sanketsu (el triunvirato Ishin), cuyos integrantes eran Toshimichi Okubo, Saigō Takamori y Kogoro Katsura.
Los partidarios del shogunato contaban con diferentes fuerzas para enfrentarse a estos revolucionarios; entre ellos el Shinsengumi (una fuerza paramilitar-policial situada en Kioto). Para 1867 el movimiento revolucionario había logrado un avance decisivo y el emperador Meiji (que no tenía poder real) dicta la orden de disolver el bakufu (shogunado). Pero el shōgun Tokugawa Yoshinobu se resiste a dejar el poder en manos del Ishin shishi y en 1868 se desarrollan cinco batallas más, llamadas las Guerras Boshin, en orden cronológico son estas: Toba-Fushimi, Monte Ueno, Nagoaka, Aizu y Hakodate.
Posteriormente los samuráis tras los radicales cambios realizados por el emperador, se rebelan contra éste, formando un ejército cuyo enemigo será el emperador al abolir los privilegios de la clase samurái, los contrincantes fueron el recién fundado cuerpo de policía, formada en gran parte por samuráis que se pusieron al servicio del emperador y samuráis de los clanes vencedores en las Guerras Boshin: Satsuma y Chozu.
Los resultados de las cinco guerras fueron determinantes y el shōgun convocó a consejo al ishin Saigō Takamori, en el que estuvo presente el jefe de marina shogunal, Katsu Kaishū. El resultado de este consejo fue la rendición del shogunato.
Alianzas y lealtades
La formación en 1866 de la alianza Satsuma-Chōshū entre Saigō Takamori, el líder del territorio Satsuma, y Kido Takayoshi, el líder del territorio Chōshū, construyen los cimientos de la restauración Meiji. Estos dos líderes apoyaron al Emperador Kōmei (padre del emperador Meiji) y se aliaron junto a Sakamoto Ryoma con el propósito de cambiar el gobierno del Shogunato Tokugawa (bakufu) y devolver el poder al emperador. A finales de 1867, el Emperador Meiji asciende al trono después de la muerte del emperador Kōmei. Este periodo también supuso un cambio a Japón desde el comienzo de una sociedad feudal a tomar una economía capitalista con una persistente influencia occidental.Comienzo de la era Meiji
En 1868 comienza la era Meiji (o Restauración Meiji). En ésta quedan abolidos los privilegios especiales de los samuráis, se le da a la población la posibilidad de portar apellido (privilegio hasta entonces de la aristocracia, mientras que la gente llevaba el nombre de su profesión, por ejemplo, el capitán de un barco se llamaba "Anjin" -"capitán"-). Estos cambios provocaron la inestabilidad del país en el comienzo de la era Meiji. Hubo muchos levantamientos, pero se puede destacar el de Saigō Takamori, integrante del triunvirato ishin, amigo y compañero de Toshimichi Ookubo. Saigō es derrotado por Ōkubo y hecho ejecutar. La era Meiji logró la estabilidad total después de cuatro décadas.DAVID LIVINGSTONE
Médico y misionero británico que inició la exploración del interior de África (Blantyre, Escocia, 1813 - Chitambo, Zambia, 1873). Procedente de una familia pobre, sacó adelante sus estudios de Medicina en la Universidad de Glasgow y se enroló en la Sociedad Misionera de Londres movido por sentimientos religiosos (fue ordenado sacerdote protestante en 1840).
A petición propia, fue destinado al sur de África en 1841. Desde allí se adentró hacia el norte en la actual Botswana, predicando la religión cristiana y explorando territorios desconocidos en medio de graves peligros. En 1852-54 atravesó el desierto de Kalahari hasta conectar El Cabo con Luanda, capital de la colonia portuguesa de Angola; desde allí, rechazando las invitaciones para que regresara a Inglaterra y, a pesar de sus problemas de salud, inició una nueva travesía del Atlántico al Índico, uniendo Angola con Mozambique a través del río Zambeze (1854-56).
Durante su posterior estancia en Inglaterra fue premiado y recibido por la reina, convirtiéndose en un héroe popular. Sus escritos y conferencias despertaron el interés por el misterioso continente africano en todo el mundo, incitando a la posterior carrera colonial por el reparto de su dominio entre las potencias europeas; no obstante, las intenciones del propio Livingstone fueron siempre pacíficas, impulsando el conocimiento científico del continente, el establecimiento de relaciones amistosas con los pueblos indígenas y la erradicación de la esclavitud.
El gobierno británico financió un segundo viaje para explorar el Zambeze como vía de penetración hacia el interior de África en 1858-64; pero las múltiples cataratas que descubrió frustraron el proyecto. Un tercer viaje, financiado por la Real Sociedad Geográfica en 1865-73, le llevó a explorar las regiones en torno a los lagos Nyasa y Tanganika.
En 1871 circuló en Occidente la noticia de que Livingstone se había perdido y dos periódicos enviaron en su búsqueda a Henry Stanley; éste se internó en el África oriental y encontró a Livingstone en Ujiji, a orillas del lago Tanganika. Pero no consiguió convencerle para que regresara y, tras aprovisionarle, ambos se separaron en 1872. Mientras Stanley continuaba su exploración por el río Congo, Livingstone siguió su camino y falleció un año más tarde de muerte naturaL.VICTOR MANUEL II
Último rey de Cerdeña-Piamonte y primer rey de Italia (Turín, 1820 - Roma, 1878). Accedió al Trono sardo-piamontés en 1849, al abdicar su padre Carlos Alberto tras fracasar en el intento de eliminar la influencia austriaca en Italia y abrir el camino para la unificación peninsular.
A pesar de la derrota de su padre por los austriacos en la batalla de Novara (1849), Víctor Manuel mantuvo la monarquía constitucional diseñada en el Estatuto Real de 1848, que se convirtió -a pesar de su moderación- en el régimen más liberal que quedó en Italia después de la represión de los movimientos revolucionarios por el ejército austriaco que mandaba Radetzky. Respetó escrupulosamente el marco constitucional y llamó a gobernar a personajes caracterizados por sus ideas liberales y nacionalistas, si bien en una versión tan moderada como la de Cavour, que fue su primer ministro desde 1852.
La paciente labor diplomática de éste creó las condiciones para que el emperador francés Napoleón III se comprometiera a apoyar al Piamonte en una guerra contra Austria, que efectivamente tuvo lugar en 1859. Derrotados los austriacos por las fuerzas franco-piamontesas en las batallas de Magenta y Solferino, Napoleón III detuvo la guerra antes de obtener su objetivo último, que era expulsar a los austriacos de Italia, por el temor a una intervención prusiana. Piamonte obtuvo la anexión de Lombardía (Tratado de Zúrich, 1859), pero el Véneto siguió en manos austriacas e Italia permanecía dividida.
Víctor Manuel se vio obligado a aceptar esta situación, que conllevó la cesión a Francia de Niza y Saboya -por los servicios prestados- y la dimisión de Cavour (1860). Sin embargo, la guerra había hecho estallar por toda Italia revueltas de inspiración liberal y nacionalista que, al grito de Italia y Víctor Manuel, luchaban por la unificación del país. En varios Estados italianos, como Parma, Módena y Toscana, se celebraron plebiscitos que determinaron la anexión al Reino de Cerdeña-Piamonte; y lo mismo ocurrió en Bolonia, que quedó así escindida de los Estados Pontificios e incorporada igualmente al reino de Víctor Manuel (1860).
Al mismo tiempo, una expedición revolucionaria encabezada por Garibaldi había partido del Piamonte, y tras desembarcar en Sicilia, derrotó a las tropas de los Borbones y amenazó Nápoles. Con el pretexto de impedir que los garibaldinos atacaran al papa, Víctor Manuel envió un ejército piamontés que fue el que realmente derrotó a las tropas papales (batalla de Castelfidardo, 1860) y determinó la anexión al Piamonte -previo referéndum- de las Marcas y Umbría, regiones pertenecientes hasta entonces a los Estados Pontificios.
Luego siguieron avanzando hacia el sur para frenar a Garibaldi; pero este revolucionario radical renunció a toda aspiración política sobre los territorios que controlaba en el sur de Italia, y tras una entrevista con Víctor Manuel, le entregó Sicilia y Nápoles y le proclamó rey de Italia. Después completaron juntos la rendición del Reino de Nápoles y un primer Parlamento italiano reunido en Turín proclamó oficialmente a Víctor Manuel II rey de Italia, extendiendo el régimen del Estatuto.
Venecia siguió en poder del Imperio Austro-Húngaro hasta 1866, cuando Víctor Manuel pudo aprovechar la guerra entre Prusia y Austria para aliarse con la primera y arrebatar Venecia a la segunda (Paz de Viena). Quedaba Roma en poder de los papas y protegida por una guarnición francesa, pero reclamada por el gobierno de Italia como capital de su Estado; nuevamente fue una guerra exterior la que permitió conquistarla, en este caso la Guerra Franco-Prusiana, que hundió al Segundo Imperio Francés y dejó desprotegido al papa, facilitando la conquista de la ciudad por los italianos en 1870.
Víctor Manuel trasladó allí su capital, pero vio abrirse un nuevo conflicto para su régimen, al exacerbarse la enemistad del papa Pío IX, que se consideró a sí mismo prisionero en sus palacios del Vaticano, excomulgó al rey y negó toda legitimidad al Estado italiano unificado. Esto se añadía a los problemas de integración entre los antiguos Estados italianos y al resentimiento por la imposición en todos ellos de las instituciones y la influencia política del Piamonte.
viernes, 4 de marzo de 2011
ESTADOS DE ITALIA
Italia, oficialmente la República Italiana (Repubblica Italiana en italiano), es un país de Europa que forma parte de la Unión Europea (UE). Su territorio lo conforman principalmente la Península Itálica y dos grandes islas en el mar Mediterráneo: Sicilia y Cerdeña. En el norte está bordeado por los Alpes, donde limita con Francia, Suiza, Austria y Eslovenia. Los estados independientes de San Marino y Ciudad del Vaticano son enclaves dentro del territorio italiano. A su vez Campione d'Italia es un municipio italiano que forma un pequeño enclave en territorio suizo.
Ha sido el hogar de muchas culturas europeas como los etruscos y los romanos y también fue la cuna del Renacimiento, que comenzó en la región de Toscana y pronto se extendió por toda Europa. La capital de Italia, Roma, ha sido durante siglos el centro político y cultural de la civilización occidental, y también es la ciudad santa para la Iglesia católica, pues dentro de la ciudad se encuentra el microestado del Vaticano. El significado cultural del país se refleja en todos sus Patrimonios de la Humanidad, ya que tiene cuarenta y cuatro, el país con mayor número del mundo.[3]
Es el tercer país de la Unión Europea que más turistas recibe por año, siendo Roma la tercera ciudad más visitada.[4] Otra ciudad importante es Milán, centro de finanzas y de industria, y según el Global Language Monitor, la capital de la moda.[5] Italia es una república democrática, forma parte del G8 o grupo de las ocho naciones más industrializadas del mundo y es un país desarrollado con una calidad de vida alta, encontrándose en 2005 entre las ocho primeras del Mundo.[6]
También disfruta de un alto índice de desarrollo humano, siendo el 18º país más desarrollado del mundo.[7] Es miembro fundador de la Unión Europea, firmante del Tratado de Roma en 1957. También es miembro fundador de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, de la Organización Mundial del Comercio, del Consejo de Europa y de la Unión Europea Occidental. El país, y especialmente Roma, tiene una fuerte repercusión en temas de política y cultura, en organizaciones mundiales como la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO),[8] el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (IFAD), el Glocal Forum,[9] o el Programa Mundial de Alimentos (WFT)
Ha sido el hogar de muchas culturas europeas como los etruscos y los romanos y también fue la cuna del Renacimiento, que comenzó en la región de Toscana y pronto se extendió por toda Europa. La capital de Italia, Roma, ha sido durante siglos el centro político y cultural de la civilización occidental, y también es la ciudad santa para la Iglesia católica, pues dentro de la ciudad se encuentra el microestado del Vaticano. El significado cultural del país se refleja en todos sus Patrimonios de la Humanidad, ya que tiene cuarenta y cuatro, el país con mayor número del mundo.[3]
Es el tercer país de la Unión Europea que más turistas recibe por año, siendo Roma la tercera ciudad más visitada.[4] Otra ciudad importante es Milán, centro de finanzas y de industria, y según el Global Language Monitor, la capital de la moda.[5] Italia es una república democrática, forma parte del G8 o grupo de las ocho naciones más industrializadas del mundo y es un país desarrollado con una calidad de vida alta, encontrándose en 2005 entre las ocho primeras del Mundo.[6]
También disfruta de un alto índice de desarrollo humano, siendo el 18º país más desarrollado del mundo.[7] Es miembro fundador de la Unión Europea, firmante del Tratado de Roma en 1957. También es miembro fundador de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y miembro de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, de la Organización Mundial del Comercio, del Consejo de Europa y de la Unión Europea Occidental. El país, y especialmente Roma, tiene una fuerte repercusión en temas de política y cultura, en organizaciones mundiales como la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO),[8] el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (IFAD), el Glocal Forum,[9] o el Programa Mundial de Alimentos (WFT)
PLEBISCITO
El plebiscito es uno de los mecanismos de participación que brinda la Constitución para que los colombianos participen en las decisiones políticas que los afecta.
El plebiscito es convocado por el Presidente de la República (previo respaldo escrito de todos los Ministros) cuando crea conveniente consultar al pueblo acerca de una decisión que se piensa tomar.
El procedimiento para convocar un plebiscito está condicionado por unas normas que cada Gobierno que desee hacer uso de él debe seguir:
El Presidente puede convocarlo siempre y cuando la política o decisión que se piensa consultar no sea una que, por su naturaleza, deba ser aprobada por el Congreso.
Así mismo, el Presidente debe informar al Congreso, al momento de convocar el plebiscito, las razones para realizarlo, así como la fecha fijada para que se lleve a cabo la votación por parte de los ciudadanos. Esta votación debe ser no antes de un mes (treinta días) y no después de cuatro meses (ciento veinte días) de haber sido convocado dicho plebiscito. Además, la fecha de la votación no puede, en ningún caso, coincidir con la de otras elecciones.
Sin embargo, el Congreso (es decir, el Senado y la Cámara de Representantes) es responsable, en gran medida, de si finalmente el plebiscito se realiza o no. El Congreso tiene un mes de plazo para estudiar la propuesta del Ejecutivo; si al cabo de ese tiempo la mayoría de congresistas no rechazan la propuesta, el Presidente podrá convocar el plebiscito.
Finalmente, el Gobierno, al ser el mayor interesado en que el plebiscito tenga éxito, tiene la oportunidad de realizar cuñas televisivas durante los últimos veintiún días previos a la fecha escogida para realizar la votación.
El pueblo es el que elige, y el plebiscito será aprobado solo si la mayoría de los colombianos que hacen parte del censo electoral vota a favor.
En la Biblioteca virtual puede obtener más información sobre este tema en:
Política y legislación Mecanismos de participación ciudadana para la defensa del medio ambiente.
Qué es la revocatoria del mandato? Derecho legal mediante el cual la población exige el retiro de quien los representa en cierto cargo político.
Acción de tutela. Sentencias tutelares indígenas, ejemplo de protección a minorías Texto de Juan Manuel Charry Ureña, publicado en Credencial historia, núm. 148.
Tutela Direcciones de internet donde se encuentra información acerca de este mecanismo legal.
SUFRAGIO UNIVERSAL
El sufragio universal consiste en la dotación del derecho a voto a toda la población adulta independientemente de su raza, sexo, creencias o condición social de un Estado.
La evolución histórica del sufragio universal ha sido de una evolución desde el sufragio universal masculino (segunda mitad del siglo XIX) - todos los que supieran leer y escribir - a la inclusión de la mujer (siglo XX en adelante), analfabetos (siglo XX) y mayores de 18 años (segunda mitad del siglo XX).
Muchos sistemas, de los autodenominados "universales" excluyen constitucional y legalmente a votantes potenciales. Así, ciudadanos convictos y enfermos mentales son excluidos de la población con derecho a voto. Además de los menores de 18 años y no poseedores de la ciudadanía están excluidos.
En el pasado numerosas sociedades han negado el derecho a votar basándose también en diferencias de raza o etnia. Por ejemplo, durante la era apartheid no estaba permitido el voto a razas que no fuera la blanca en Sudáfrica. Igualmente ocurría en la época pre-Derechos Civiles en EE.UU. donde aunque los afroamericanos tenían técnicamente derecho a votar, se les negaba su ejercicio mediante intimidaciones u otros medios. El Ku Klux Klan formado después de la guerra civil americana fue una de las organizaciones que destacó en este cometido.
Limitaciones respecto a militares - La privacion del derecho al voto impuesta a los militares en determinados países (por ejemplo en Francia durante la III república) tiene motivos complejos. Por una parte, se trata de impedir la opresión de los oficiales sobre los soldados, que deformaría el voto (tales hechos no eran extraños durante el Consulado o el II imperio en Francia e incluso en ciertas repúblicas sudamericanas actuales). Se trataba por otra parte, de evitar la intrusión de la política en el ejército, como perjudicial para la disciplina militar.
A continuación se muestra una lista cronológica de países y la evolución del sufragio universal. La lista se inicia con la existencia del sufragio universal masculino al momento que se pone como único requisito saber leer y escribir a los hombres y su posterior evolución, por sucesivas extensiones de los derechos de voto a toda la población.
La evolución histórica del sufragio universal ha sido de una evolución desde el sufragio universal masculino (segunda mitad del siglo XIX) - todos los que supieran leer y escribir - a la inclusión de la mujer (siglo XX en adelante), analfabetos (siglo XX) y mayores de 18 años (segunda mitad del siglo XX).
Muchos sistemas, de los autodenominados "universales" excluyen constitucional y legalmente a votantes potenciales. Así, ciudadanos convictos y enfermos mentales son excluidos de la población con derecho a voto. Además de los menores de 18 años y no poseedores de la ciudadanía están excluidos.
En el pasado numerosas sociedades han negado el derecho a votar basándose también en diferencias de raza o etnia. Por ejemplo, durante la era apartheid no estaba permitido el voto a razas que no fuera la blanca en Sudáfrica. Igualmente ocurría en la época pre-Derechos Civiles en EE.UU. donde aunque los afroamericanos tenían técnicamente derecho a votar, se les negaba su ejercicio mediante intimidaciones u otros medios. El Ku Klux Klan formado después de la guerra civil americana fue una de las organizaciones que destacó en este cometido.
Limitaciones respecto a militares - La privacion del derecho al voto impuesta a los militares en determinados países (por ejemplo en Francia durante la III república) tiene motivos complejos. Por una parte, se trata de impedir la opresión de los oficiales sobre los soldados, que deformaría el voto (tales hechos no eran extraños durante el Consulado o el II imperio en Francia e incluso en ciertas repúblicas sudamericanas actuales). Se trataba por otra parte, de evitar la intrusión de la política en el ejército, como perjudicial para la disciplina militar.
A continuación se muestra una lista cronológica de países y la evolución del sufragio universal. La lista se inicia con la existencia del sufragio universal masculino al momento que se pone como único requisito saber leer y escribir a los hombres y su posterior evolución, por sucesivas extensiones de los derechos de voto a toda la población.
DEMOCRACIA
La democracia, es el aquel sistema de gobierno, en el cual la soberanía del poder reside y está sustentada, en pueblo. Es éste, por medio de elecciones directas o indirectas, quien elige las principales autoridades del país. Asimismo, es el pueblo, quien puede cambiar o ratificar a estas mismas autoridades, en las siguientes elecciones populares. Por este motivo los griegos hablaban de la democracia, como el gobierno del pueblo; de hecho este es su significado literal.
Es así, como se puede conformar una democracia directa, donde el pueblo es quien toma todas las decisiones ejecutivas y legislativas, o la democracia representativa, donde le pueblo por medio de votación popular escoge las autoridades que representarán a la ciudadanía, en la toma de decisiones.
Hoy en día, la gran mayoría de los sistemas democráticos, funcionan por medio de la representación; podemos imaginar lo complicado que sería de otra manera, con la población actual de los países.
Dentro de la democracia, quienes tienen el beneplácito, para ostentar los cargos públicos, son los integrantes de los poderes políticos. Es así, como los partidos políticos, son quienes potencian y fortalecen a la democracia. Por medio de su actuar y la alimentación de participantes, quienes escogerán por medio de las distintas elecciones, los cargos de los poderes ejecutivos y legislativos, en la mayoría de las naciones democráticas. Aún cuando, en algunas de ellas, la ciudadanía, también puede escoger a ciertos integrantes del poder judicial.
Es así, como la separación de los poderes del Estado, es uno de los pilares fundamentales de toda democracia. Cada uno de ellos es independiente y existe un control constante de uno sobre el otro. Aquello redunda en un control sobre el actuar de los mismos y evitar casos de corrupción o ilegalidades de los mismos; lamentablemente, en algunos casos estos poderes se coluden y la corrupción se hace generalizada, como aún vemos en algunos países, sobretodo en aquellos que se encuentran en vías de desarrollo.
Con respecto a la historia de la democracia, esta se remonta a la antigua Grecia. Ya que para el año 1500, antes de Cristo, nace este sistema de gobierno, por medio de la creación de la Asamblea del Pueblo, dentro de las polis o ciudades helénicas.
Esto se da, gracias al reducido tamaño de las polis, con lo cual, la población al mismo tiempo era pequeña. Es así, como todos los ciudadanos hombres libres, podían participar de la Asamblea. De aquella manera, cada uno de ellos, de manera alternada, podía ocupar uno de los puestos burocráticos de esta asamblea. Por lo mismo, que este sistema de gobierno, no era representativo, sino que se actuaba, por medio de democracia directa. Frente a cada una de las decisiones, la mayoría votante, era la que decidía sobre las distintas materias.
Con respecto a la cultura romana, esta poseía un sistema democrático, pero de índole representativo. Al menos en los cargos del ejecutivo. Ya que el poder legislativo, estaba constituido, por los Senadores, quienes no eran electos. Asimismo, muchos de los cargos públicos, eran escogidos a través de una elección directa. Quienes votaban en un principio, eran los ciudadanos con derechos; de manera posterior, pudo votar el vulgo.
En la Edad Media, el concepto de democracia, prácticamente desapareció. Casi todos los gobiernos eran aristocráticos, conformados por monarquías. Una de las pocas excepciones, lo conformaron los cantones suizos, en el siglo XIII.
Para 1688, en Inglaterra, triunfa la democracia, por medio de del principio de libertad de discusión, la cual era ejercida principalmente por el Parlamento. Así, se constituía definitivamente, una monarquía parlamentaria.
Así, para el siglo XVIII, muchos filósofos europeos, consideraban a la democracia, como la posibilidad del pueblo, de escoger el gobierno imperante. La revolución norteamericana en 1776 y la revolución francesa en 1789, conllevó la expansión definitiva, de las ideas libertarias y el establecimiento, de la cultura democrática, en todo occidente. Situaciones que marcaron profundamente, los destinos políticos de varias naciones en el siglo XIX.
Es así, como en la actualidad, la democracia representativa, es el sistema más utilizado en el mundo, para dirigir los designios de las naciones. Es por tanto, que la democracia se considera, como el sistema de gobierno menos perjudicial, para el manejo de los asuntos de Estado, frente a los otros sistemas que han existido o se han diseñado.
Una frase que ha marcado profundamente la concepción que se tiene de la democracia, es la que mencionó Abraham Lincoln, durante la Guerra Civil de los Estados Unidos, la cual decía que los gobiernos son del pueblo, por el pueblo y para el pueblo.
Dentro de toda democracia que se afane de serlo, debe de existir una carta magna o Constitución. La cual será la ley madre, por la cual todas las leyes de la nación, se deberán normar y subordinar.
Dentro de toda Constitución, se establecerán las normas por las cuales se elegirán a las autoridades del país, y cómo estas deben de actuar, frente a sus cargos. Asimismo sus atribuciones y limitaciones constitucionales, estarán escritas de manera explícita.
Por otra parte, y aspecto fundamental de toda democracia, en la Constitución se deberán de plasmar, todos los derechos primordiales y obligaciones de todo ciudadano de la nación. Principio básico, de toda democracia representativa.
REPUBLICA
Del latín res publica, concepto jurídico y político, opuesto a res privata, que designa la comunidad política, cualquiera que sea su forma institucional.
En este sentido república es un término genérico que designa el «bien común» (al igual que la traducción inglesa de república, commonwealth).
De forma más específica, república designa la forma de gobierno contrapuesta a la monarquía, caracterizada por una rotación del poder: el jefe del Estado es elegido y tiene un mandato limitado y temporal.
LUIS NAPOLEÓN BONAPARTE
Luis Napoleón Bonaparte fue hermano del emperador Napoleón I de Francia, hijo de Carlo Buonaparte y María Letizia Ramolino. Además de príncipe de Francia, fue rey de Holanda, a la que gobernó bajo el título de Luis I de Holanda.
Nació en Ajaccio, Córcega el 2 de septiembre de 1778. Su carrera política inició al servicio de su hermano Napoléon, con quien colaboró en la campaña de Egipto. Fue nombrado general a la edad de 25 años, despegando una carrera política y militar que fue vertiginosa.
En enero de 1802, Luis contrajo matrimonio con Hortensia Beauharnais, hija de Josefina Tascher, primera esposa de napoleón, y del vizconde Beauharnais. El matrimonio fue arreglado y Luis no sentía ningún afecto por su esposa y sobrina política. La familia de Napoleón tenía una franca antipatía por la familia de Josefina y Luis no fue la excepción.
Los reyes holandeses tuvieron tres hijos: Napoleón Carlos Bonaparte, príncipe de Holanda, murió a los cuatro años; Napoleón Luis Bonaparte, príncipe real de Holanda a la muerte del anterior, subió al trono holandés bajo el nombre de Lodewijk II, cargo que ocupó una semana tras la abdicación de su padre y la llegada de las tropas de su tío a Holanda. Murió en 1831 y Carlos Luis Napoleón Bonaparte, quien nació en Paris y se convertiría en Napoleón III de Francia entre 1852 y 1870. Luis Bonaparte además tuvo un hijo fuera del matrimonio con Hortensia de Beauharnais :François de Castelvecchio , nacido en Roma en 1826 y muerto en Rennes en 1869.
El 5 de junio de 1806 su hermano Napoleón le concede el título de rey de Holanda. Tomando su cargo con toda la seriedad posible, cambió su nombre adoptando la forma holandesa de Lodewijk I , aprendió holandés e intentó ser un rey independiente y velar por los intereses del pueblo a su cargo, ganándose su respeto.
Durante su reinado ocurrieron dos sucesos trágicos: la explosión, en 1807, de un navío cargado con pólvora en la ciudad de Leiden y la inundación de 1809. Luis Bonaparte apoyó a la población afectada haciendo acto de presencia en ambos lugares. Por estas acciones, los holandeses le dieron el apelativo de “Luis el Bueno”.
Tuvo un reinado de apenas cuatro años. La corta duración de su gobierno se debió a una serie de factores entre los que estaban razones económicas. La inversión holandesa superaba la capacidad de pago de los deudores franceses. Pero la mayor fue que para la campaña contra Rusia, Napoleón solicitó la presencia de los ejércitos aliados. Luis se negó a aportar tropas para la campaña de su hermano, por lo que Napoleón lo acusó de traición por anteponer los intereses del reino holandés a los de Francia. El 1 de julio de 1810, Luis fue obligado a abdicar.
Entre otros nombramientos concedidos por Napoleón, Luis Bonaparte fue nombrado Conde de Saint-Leu y Condestable de Francia. Tras la muerte de sus hermanos mayores Napoleón y José, Luis fue apoyado por los bonapartistas para contender por el trono del imperio francés. Luis no tuvo interés en volverse pretendiente al trono vacante ni al título de emperador mismo que recayó Su hijo y heredero, Carlos Luis Napoleón Bonaparte, l futuro Napoleón III, quien estaba sufriendo prisión en Francia por intentar dar un golpe de estado pro bonapartista. Luis murió el 25 de julio de 1846 en Livorno, y fue seputlado en Saint-Leu-la-Forêt, Île-de-France, donde también reposan sus hijos.
Nació en Ajaccio, Córcega el 2 de septiembre de 1778. Su carrera política inició al servicio de su hermano Napoléon, con quien colaboró en la campaña de Egipto. Fue nombrado general a la edad de 25 años, despegando una carrera política y militar que fue vertiginosa.
En enero de 1802, Luis contrajo matrimonio con Hortensia Beauharnais, hija de Josefina Tascher, primera esposa de napoleón, y del vizconde Beauharnais. El matrimonio fue arreglado y Luis no sentía ningún afecto por su esposa y sobrina política. La familia de Napoleón tenía una franca antipatía por la familia de Josefina y Luis no fue la excepción.
Los reyes holandeses tuvieron tres hijos: Napoleón Carlos Bonaparte, príncipe de Holanda, murió a los cuatro años; Napoleón Luis Bonaparte, príncipe real de Holanda a la muerte del anterior, subió al trono holandés bajo el nombre de Lodewijk II
El 5 de junio de 1806 su hermano Napoleón le concede el título de rey de Holanda. Tomando su cargo con toda la seriedad posible, cambió su nombre adoptando la forma holandesa de Lodewijk I , aprendió holandés e intentó ser un rey independiente y velar por los intereses del pueblo a su cargo, ganándose su respeto.
Entre otros nombramientos concedidos por Napoleón, Luis Bonaparte fue nombrado Conde de Saint-Leu y Condestable de Francia. Tras la muerte de sus hermanos mayores Napoleón y José, Luis fue apoyado por los bonapartistas para contender por el trono del imperio francés. Luis no tuvo interés en volverse pretendiente al trono vacante ni al título de emperador mismo que recayó Su hijo y heredero, Carlos Luis Napoleón Bonaparte, l futuro Napoleón III, quien estaba sufriendo prisión en Francia por intentar dar un golpe de estado pro bonapartista. Luis murió el 25 de julio de 1846 en Livorno, y fue seputlado en Saint-Leu-la-Forêt, Île-de-France, donde también reposan sus hijos.
GUERRA DE SECESIÓN
La Guerra de Secesión (1860 - 1865) fue un intento por separarse de la Unión Federal Norteamericana que llevaron a cabo varios Estados norteamericanos. Fue un enfrentamiento civil entre los Estados de la Unión (norte) y la Conferencia de los Estados del Sur (sur).
El conflicto giró en torno a dos grandes cuestiones: la esclavitud en los Estados del Sur y la polémica sobre la supremacía de los Estados de la Unión y las tasas protectoras que aplicaban a sus artículos.
Se enfrentó un estado del norte abolicionista, con intereses industriales y proteccionista contra el estado del sur esclavista, fundamentalmente agricultor que veía abusivas las tasas protectoras.
No se trató fundamentalmente de esclavistas contra abolicionistas, en realidad los conflictos de secesión fueron por el poder. Más estados libres significaban más votos para el norte, más esclavos, votos para el sur.
IMPERIO OTOMANO
El Imperio otomano comenzó siendo uno más de los pequeños estados turcos que surgieron en Asia Menor durante la decadencia del Imperio selyúcida. Los turcos otomanos fueron controlando paulatinamente a los demás estados turcos y bajo el reinado de Muhammad I (1451-1481) acabaron con lo que quedaba del la dinastía selyúcida. La primera fase de la expansión otomana tuvo lugar bajo el gobierno de Osmán I y siguió en los reinados de Orkhan, Murad I y Beyacid, a expensas de los territorios del Imperio Bizantino, Bulgaria y Serbia. Bursa cayó bajo su dominio en 1326 y Adrianópolis en 1361. Las victorias otomanas en los Balcanes alertaron a Europa sobre el peligro que este Imperio representaba y fueron el motivo central de la organización de la Primera Cruzada. El sitio que pusieron los otomanos a Constantinopla fue roto gracias a Tamerlán, líder de los mongoles, quien tomó prisionero a Beyacid en 1403. Pero el control mongol sobre los otomanos duró muy poco.
El imperio, reunido bajo el mando de Muhammad I hacia 1412, vivió una vertiginosa expansión con sus sucesores, Murad II y Muhammad II, el primero venció a Ladislao de Polonia en 1444 y Muhammad II capturó Constantinopla en 1453. Así, los otomanos habían pasaron de ser una horda nómada a convertirse en uno de los más extensos y esplendorosos imperio del mundo.
Bajo los gobiernos de Selim I y Solimán I el magnífico, tuvo lugar la expansión del imperio hacia Hungría, Valaquia, Moldavia y Transilvania. Parte del secreto de su triunfo residía en la posesión de un poderoso ejército conformado por estrictas jerarquías a las que podían pertenecer cristianos y extranjeros. Su cuerpo de elite estaba conformado por los famosos jenízaros o soldados europeos que habían sido robados desde niños y reeducados en el Islam.
Los límites asiáticos del Imperio otomano tampoco fueron respetados por mucho tiempo. Selim I atacó a los mamelucos de Egipto y Siria, tomó El Cairo en 1517 y asumió la sucesión del califato. También se vieron afectadas las propiedades venecianas en Grecia que quedaron bajo su poder.
Durante el reinado de Solimán (1535) comenzó la proverbial amistad entre Francia y Turquía, unidos contra los Habsburgo españoles. Solimán reorganizó el sistema judicial y bajo su gobierno florecieron la literatura, la arquitectura y otras artes. También instauró lo que sería una de las leyes canónicas musulmanas: la Sharia, que limitaba las prerrogativas del sultán adjudicándole un consejero o visir, con el poder político suficiente para cuestionar las acciones del sultán.
A la muerte de Solimán, siguió una progresiva decadencia. Los sacerdotes (ulemas) y los jenízaros fueron ganando poder y ejercieron sobre los sucesivos gobernantes una notable influencia que permitió la corrupción del sistema. El primer golpe importante fue infligido en 1571 a la armada de Selim II en la famosa Batalla de Lepanto, donde españoles y venecianos al mando de Juan de Austria derrotaron a los otomanos. Sin embargo, el poder militar turco se vio restaurado en el siglo XVII cuando el ejército de Murad IV venció a los persas en 1638.
En 1683, bajo el mando del Gran visir Mustafa, los otomanos llegaron hasta Viena. En auxilio de la ciudad acudió Juan III de Polonia y las subsecuentes campañas de, Carlos V de Lorena, Luis de Baden y Eugenio de Saboya terminarían en una serie de negociaciones con la firma de el tratado de Karlowicz en 1699, mismo que le costó a los turcos la pérdida de sus territorios en Hungría.
Otras posesiones se fueron perdiendo paulatinamente y entre los siglos XVIII y XIX fueron introducidas drásticas reformas bajo los reinados de Selim III y Mahmud II, pero todo fue inútil, Turquía y la dinastía otomana estaban heridas de muerte. Tras una serie de capitulaciones, el Imperio otomano fue perdiendo poder e independencia económica y aunque Turquía, teóricamente, venció en la Guerra de Crimea, su economía estaba destrozada. En 1856, El Congreso de Paris reconoció al Imperio otomano como un estado soberano y con ello confirmaba, paradójicamente, su dependencia del poder europeo.
En 1875 la rebelión de Bosnia y Herzegovina precipitó la Guerra contra los rusos (1877-78). Esto representó la independencia de Rumania (antes Valaquia y Moldavia) Serbia y Montenegro. Bosnia y Herzegovina se convirtieron en estados dependientes de Austria.
La irrupción de la Primera Guerra mundial y la campaña de Gallipolli en contra de las fuerzas aliadas en 1915, terminó con la ocupación por parte de las fuerzas inglesas de Bagdad y Jerusalén. En 1918 la resistencia turca se colapsó tanto en Asia como en Europa, concluyendo con un armisticio y la definitiva caída del Imperio otomano, disuelto con la firma del Tratado de Sevres .
El imperio, reunido bajo el mando de Muhammad I hacia 1412, vivió una vertiginosa expansión con sus sucesores, Murad II y Muhammad II, el primero venció a Ladislao de Polonia en 1444 y Muhammad II capturó Constantinopla en 1453. Así, los otomanos habían pasaron de ser una horda nómada a convertirse en uno de los más extensos y esplendorosos imperio del mundo.
Bajo los gobiernos de Selim I y Solimán I el magnífico, tuvo lugar la expansión del imperio hacia Hungría, Valaquia, Moldavia y Transilvania. Parte del secreto de su triunfo residía en la posesión de un poderoso ejército conformado por estrictas jerarquías a las que podían pertenecer cristianos y extranjeros. Su cuerpo de elite estaba conformado por los famosos jenízaros o soldados europeos que habían sido robados desde niños y reeducados en el Islam.
Los límites asiáticos del Imperio otomano tampoco fueron respetados por mucho tiempo. Selim I atacó a los mamelucos de Egipto y Siria, tomó El Cairo en 1517 y asumió la sucesión del califato. También se vieron afectadas las propiedades venecianas en Grecia que quedaron bajo su poder.
Durante el reinado de Solimán (1535) comenzó la proverbial amistad entre Francia y Turquía, unidos contra los Habsburgo españoles. Solimán reorganizó el sistema judicial y bajo su gobierno florecieron la literatura, la arquitectura y otras artes. También instauró lo que sería una de las leyes canónicas musulmanas: la Sharia, que limitaba las prerrogativas del sultán adjudicándole un consejero o visir, con el poder político suficiente para cuestionar las acciones del sultán.
A la muerte de Solimán, siguió una progresiva decadencia. Los sacerdotes (ulemas) y los jenízaros fueron ganando poder y ejercieron sobre los sucesivos gobernantes una notable influencia que permitió la corrupción del sistema. El primer golpe importante fue infligido en 1571 a la armada de Selim II en la famosa Batalla de Lepanto, donde españoles y venecianos al mando de Juan de Austria derrotaron a los otomanos. Sin embargo, el poder militar turco se vio restaurado en el siglo XVII cuando el ejército de Murad IV venció a los persas en 1638.
Otras posesiones se fueron perdiendo paulatinamente y entre los siglos XVIII y XIX fueron introducidas drásticas reformas bajo los reinados de Selim III y Mahmud II, pero todo fue inútil, Turquía y la dinastía otomana estaban heridas de muerte. Tras una serie de capitulaciones, el Imperio otomano fue perdiendo poder e independencia económica y aunque Turquía, teóricamente, venció en la Guerra de Crimea, su economía estaba destrozada. En 1856, El Congreso de Paris reconoció al Imperio otomano como un estado soberano y con ello confirmaba, paradójicamente, su dependencia del poder europeo.
En 1875 la rebelión de Bosnia y Herzegovina precipitó la Guerra contra los rusos (1877-78). Esto representó la independencia de Rumania (antes Valaquia y Moldavia) Serbia y Montenegro. Bosnia y Herzegovina se convirtieron en estados dependientes de Austria.
La irrupción de la Primera Guerra mundial y la campaña de Gallipolli en contra de las fuerzas aliadas en 1915, terminó con la ocupación por parte de las fuerzas inglesas de Bagdad y Jerusalén. En 1918 la resistencia turca se colapsó tanto en Asia como en Europa, concluyendo con un armisticio y la definitiva caída del Imperio otomano, disuelto con la firma del Tratado de Sevres .
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